ArayaAlfaroEscribe
Artículos, poemas, avances varios y demases...
jueves, 11 de diciembre de 2025
miércoles, 3 de septiembre de 2025
Érase una radio a tubos, un profesor de dibujo, un artista visual y un concierto de Bach
domingo, 6 de julio de 2025
Me bajé en la próxima parada
domingo, 22 de junio de 2025
sábado, 21 de junio de 2025
Las rosas de Putaendo
martes, 17 de junio de 2025
en una historia real
"Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mía con sólo verte de lejos. Que adoro tus lunares y tu pecho me parece el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser..."
miércoles, 11 de junio de 2025
el delator, el escribidor
el dibujador, el gran simulador
el de fútbol jugador,
el de huesos y canciones compositor,
el de pianos y guitarras afinador,
el elevador, la hermana transistor,
el de esquinas doblador,
el masajeador, el gozador
el profesor y también el doctor,
el usurpador, el congelador,
el de Cortázar perseguidor,
el persecutor y su primo el percutor...
El aviador,
el de orquesta director,
el de cuchillos afilador, el numerador,
el contador de cuentos y el observador...
Todos, absolutamente todos
hemos alguna vez muerto y resucitado
una y otra y otra vez
sólo por amor...
martes, 22 de abril de 2025
El largo camino
a casa
El blanco muro iluminado por
luces mortecinas vigiló mi infancia en el barrio Benavente en incontables
noches de invierno frías y lluviosas. Arrancaba exactamente frente a la casa de
mis abuelos - en el linde de la maestranza y la Panadería Ferroviaria- y se
perdía al llegar al viejo y hoy inexistente Puente Los Cristi. Constituía la
parte final de la vereda más larga que he visto en mi vida y que hasta hoy
recorre aproximadamente quinientos metros.
Fue testigo inmutable de las
pichangas que a diario jugábamos con la patota del barrio en el potrero que era
la antesala de la panadería, desde donde emanaba el olor del pan recién
horneado todo el día. Indudablemente había vida. Esa misma vida –al cumplir
diez años- partí a vivirla al sector sur de la ciudad, donde coincidentemente
llegaron algunos vecinos del barrio. Los inviernos siguieron siendo crudos pero
el paisaje de la infancia cambió para dar paso a la vista de cerros y un río.
El muro -no obstante- aparecía con cada visita a la casa de mis abuelos, aunque
su vista nocturna se fue espaciando en el tiempo hasta desaparecer cuando dejé
mi propio bayou para emprender un vuelo en busca de los sueños amalgamados a
punta de sabores, olores y colores. Para ello sólo contaba –como ahora- con un par de alas imaginarias.
Volví muchas veces al barrio
hasta que la geografía humana cedió a la ley de vida y fueron desapareciendo
prácticamente todos los referentes. El olor a mostaza y fritanga se tomó el
centro de la ciudad y todo se fue al carajo cuando el pueblo empezó a pensar
como ciudad. Como suele ocurrir; como siempre no más. Me tocó deambular
–literal y metafóricamente- por una infinidad de mundos; musicales y de los
otros. Tuve un par de bandas, grabé algunos demos y me enamoré de las consolas de
grabación y el proceso de producción en el estudio. Del lenguaje y la
construcción del sonido. Me dediqué un tiempo largo a componer –como suelo
decir- un montón de mala música que descansa en casetes desperdigados por ahí.
Entremedio amé, reí y también lloré. Me desbarranqué varias veces y supe que la
perfección existía cuando reparé en la naturaleza y me tocó vivir al borde de
una quebrada, en medio de cerros o en una isla. Ahí está todo. Todo viene de
ahí. El resto es un cuento accesorio que en mi opinión poco aporta. Cargo en mi
mochila de vida todo lo que he podido hacer en este viaje del que he vuelto
después de mucho y no puedo menos que sentir un dejo de tranquilidad. El regreso
no fue planificado ni querido, pero si siempre he andado los caminos donde me
ha puesto la vida, no creo que sea ésta la ocasión para cuestionar nada.
Largo fue el camino a casa.
Cuarenta años después vuelvo a transitar por esa calle que me vio crecer y que
hoy me acompaña en la tarde de mi vida, cuando queda cada vez menos y todo
parece alejarse lentamente para perderse en un punto final que cada fin de
semana transforma en un nuevo comienzo.
lunes, 17 de febrero de 2025
Deseo
Que la noche no respete la luz roja
y que desparrame luceros
en la intersección de tus piernas;
que una ambulancia
se lleve los recuerdos heridos
y que tus labios se vuelvan
helado de crema.
Que un payaso se vista de negro,
que a mi ataúd le pongan tres ruedas,
que en un horno de barro se cocinen ideas,
y un manco dibuje mil círculos
con mi compás de espera.
Que el tren delantero salga a la hora
que el agua del mar enamore a la arena,
que el hijo de mi vecina, el menor,
pare de llorar,
que funcione alguna vez mi reloj de pulsera.
Que me aprueben este mes el préstamo en el banco
y así poder pagar la deuda interna,
que me llegue un regalo en San Valentín
y que no sea la última vez ni tal vez la primera...
Que el vino de misa aterrice en mi mesa
y que un cura bendiga mi siesta
después de pecar en el confesionario
escuchando las penas ajenas.
Que a una viuda no le falte un entierro,
que al finado la muerte se le vaya en collera,
que se tomen los dos un fin de semana
y dejen a todos esperando en la iglesia.
Que no me hagan pintar la muralla china
ni subir la escalera al cielo,
que no me hagan una reserva en el Motel California,
que me pregunten primero si quiero.
Que me permitan regalar el desierto florido
y los poemas que he escrito este invierno,
que en un concurso me gane un pasaje al infierno
con derecho a fundir el olvido...
Y que sea un tálamo para ti la floresta
y para mí el ataúd reclinable,
que los gastos comunes
este mes no salgan tan caros,
que sean a lo menos, abordables...
Que les siga yendo bien a mis amigos,
que sigan estando a pesar que no los vea,
que se jodan de a poco
y uno por uno mis enemigos,
que me sigan ayudando
las chicas de Thayer Ojeda.
Que no falte el café en mi alacena,
que no me corten la luz este mes,
que se te pase por fin el estrés
y dejes de vagar como alma en pena
por mi sala de espera.
Que todo esto tenga un final
y me dejen saltar la vida por la ventana,
declarar por mensaje de texto
mi amor eterno hasta fin de mes,
canjear mis puntos por un octavo día a la semana.
Que me renueven la licencia
para matar el tiempo,
y que caduquen mis ganas de ver
a la parca sentada a mi mesa,
que pase todo de una buena y puta vez.
Que esto deje de ser una broma,
y que pase, al menos, de historia a recuerdo,
que la luz de la luna
se acueste de nuevo en mi cama,
que dejes de ser lo único que tengo...
Tenía
Tenía un gato de plástico falto de un ojo,
un aro abollado, una pistola de agua
y una orquesta sin piano...
Una pelota de fútbol
herida en tres partes,
un tren de cuerda cansado de andar,
una casa en un árbol
con vista al mar
y un deseo irrefrenable
de querer mirarte...
Tenía una novia en mis sueños
y una patineta rota apoyada en un muro,
cuatro esquinas que encerraban mi mundo
y un caleidoscopio robado a su dueño;
una pelota de trapo esperándome al sol,
un diario de vida con poster central,
lápices de colores desparramados en el patio
y una tele en blanco y negro para colorear...
Tenía en mis sueños un cumpleaños feliz,
una torta de barro, zapatos nuevos de clown
y para la fiebre un remedio amargo.
Tenía una erección traicionera
despidiendo mi infancia,
un libro de aventuras desventuradas,
un tango viviendo en los transistores
después de la misa de siete,
un radioteatro que me hacía reír
y a veces llorar.
Tenía un helicóptero que de verdad volaba,
un auto rojo a fricción,
la pobreza desvalida
de algún compañero de viajes
y la muerte de otros tantos sin razón.
Atrás, en el patio de la infancia
en medio de una falsa inocencia,
quedaron tiradas las bolitas ojitos de gato,
un ciruelo cargado de sabores, olores
y de interminables historias a la sombra;
tenía un perro que se aburrió de ladrarle a la luna,
mis ganas de ser cura, soldado o doctor;
en la cama de alguien que no recuerdo
quedó enredado el olor de los pechos soñados
a la luz del carrusel,
y en un papel, garabateada -quizás imaginada- con lápiz azul
la renuncia indeclinable a lo pasajero
y al lugar común...
Bendit@ sea
Bendita sea la espuma
mezcla de mar y cerveza
que me permitió tatuar tu espalda
en una noche de luna,
bendita la musa
que me visita en sueños
me pone alas sin tocarme siquiera
haciendo que la quiera
y me saca a volar de vez en cuando
por esta ciudad cansada de doler;
benditas sean las piernas que no tienen piedad
con mis obsesiones más oscuras,
bendito sea el cielo que no para de llover...
Bendito el cabrón al que la vida le va bien
benditas las putas con estilo
que no se arrepienten de nada,
bendito el que tiene un postgrado en puterío
y ejerce en todas las camas con maestría,
bendito el artista, el que hace todo con nada...
Bendito sea el que calla sin tener motivos
bendita la hembra que se monta en el macho,
bendita la luna, que sin permiso de nadie
afila desnuda en el Calle-Calle,
bendito sea el inventor de los abrazos...
Bendito el que le resulta el tratamiento
y puede ponerse al día con los polvos atrasados,
bendita la mujer ganadora
que apuesta por los perdedores,
bendito sea el gato que perdona la vida a los ratones
y benditas las lenguas que conocen tus sabores...
Bendito sea el imbécil
que soporta mi perorata sin sentido,
bendito el que dejándote los zapatos puestos
ha logrado sacarte mil veces el vestido...
Bendito el que entiende y acepta
mi orgullo convertido en humildad y webeo,
benditos tus labios mayores
que no perdonan en mi boca los escarceos
y atormentan cuando quieren mi deseo.
Bendita tu piel, bendito tu cuerpo,
bendita sea tu letra que no entiendo ni quiero entender,
bendito sea el momento en que arrié mi bandera
frente al olor de tus cayenas
y el momento en que me convences de caer...
Bendito sea este febrero que nos regala un aguacero,
bendita sea tu respiración
bendito lo atroz de la pasión,
benditos los polvos con portaligas y sombrero;
bendito sea tu cuerpo sin vergüenzas
que corre su última maratón en mi cama,
bendita mi puta sumisión que perdona tanta traición
bendito el hecho que no eres una dama...
Benditas las minitas facilonas y los maracos
que a medianoche y sin largona
no se bajan de sus tacos ni abandonan su sueño de llegar hasta mañana,
maldita sea la Silvana que apagó su celular...
Bendito el hecho de que ya no me gusta la vida
y bendita mi irremediable lascivia,
bendito sea el hecho que puedo escribir sin dar explicaciones,
renunciar ni redimirme
bendito el hecho que existe Joaquín Sabina.
lunes, 8 de julio de 2024
Ni flores, ni amores...tal vez sí
Me gustaría comprar flores para mi amor
pero no tengo un amor,
también quisiera llegar a casa
y tirarme en mi cama a descansar
un millón de horas,
pero no tengo tiempo
y tampoco cama,
apenas un camastro maloliente...
Ésa es la realidad, mi realidad
pero deberé mentir,
es lo más probable
pues la rubia de neón
sentada al final de la barra
ha encendido seductoramente los motores
enardecidos por los tres o cuatro guisquis
que me he echado encima...
Tal vez deba finalmente comprar flores,
quizás la rubia al final de la barra
sea mi amor eterno por esta noche,
quizás pueda transformar mi camastro
en un tálamo de nubes
y sea ella mi hermosa Juno,
quizás su entrepierna sea el cielo
teñido de violeta
y su vientre el volcán
que cenice mi existencia...
sábado, 6 de julio de 2024
Sketches in the rain
El invierno de mi infancia
me ha secuestrado
como lo hizo el verano
y también el otoño,
la primavera también quizás....
Pero ahora es el turno
del olor a ropa húmeda
a barro en los zapatos,
es el turno del olor a café
y tostadas con mantequilla Las Peñas
en una tarde cualquiera
alrededor del brasero
y los últimos rescoldos,
es el turno de la gotera incesante e isócrona
sobre una lata desvelándome;
es el tiempo de pozas en las calles
y perros temblando de frío,
es mi infancia con olor a polenta
en jarro plástico que abriga las manos
corriendo detrás de una pelota de trapo
con la pandilla del barrio;
es el tiempo de sueños que nunca acabaron
que nunca terminaron de construirse
y se enredaron en la infancia upelienta,
en el sexo que despertaba
dejando atrás una supuesta inocencia...
Hoy el invierno de mi niñez
no quiere soltar,
y se acuna a mi lado
en esta cama de casi viejo
que me cobija y resguarda
silbando melodías dibujadas
en blanco y negro
en medio de la noche...
Hoy he vuelto a soplar
las brasas de mi propio rescoldo
para ser feliz hasta donde se pueda,
y me sorprendo con una melodía
mientras salto sobre un luche imaginario
recogiendo la peña
hecha con maíz y pita blanca
anudada en la paciencia;
salto una vez más hacia el pasado
salto por última vez y esta vez hacia el fin
que por fin ha llegado
Chirpy chirpy cheep cheep...
Promesas
Derramaré una lágrima por día
hasta desangrar esta tristeza
que me arranca el alma a jirones
como la rapiña descuartiza su presa...
Derramaré una lágrima por día
hasta que mi pecho cicatrice del dolor
y me haga intentar una vez más
el vuelo de la dicha
con alas de cera
y me haga caminar sobre el hielo delgado
ése que se rompe fácil...
Soledad
Soledad, qué palabra fatal
cuando arremete sin que la llamen
y se hace eterna
como noche de invierno en el polo
acurrucada a un costado
prometiendo no irse
prometiendo penetrar cada poro
hasta que la respires, la exhales y la exudes...
Soleda, qué terrible sentimiento
que ahoga hasta la náusea
y luego adormece
haciendo creer que se ha ido...
domingo, 30 de junio de 2024
Érase unos niños sin canciones
Domingo, mediodía. Sentado en un
banco de la plaza de armas local, espero –cámara en mano- que aparezca una
buena foto. Tal cual. Finalmente la foto existe per se y uno sólo debiera sentirse afortunado
por tener la posibilidad de obturar en el momento justo para eternizar el
momento.
- Hola caballero ¿tiene una
moneda?
- No, lo lamento… - digo casi en
piloto automático, tanteando mis bolsillos, y el mocoso –de unos diez años, que
aparece al medio en la primera imagen- asiente con la cabeza y se retira. Pasan
unos pocos segundos hasta que obturo un par de veces sin convencerme. Por el
flanco izquierdo aparece nuevamente el rapaz, esta vez con dos amigos, que
saltan directamente a la yugular.
- Tío me da una moneda…
- Yo también quiero tío… - dice
el otro
-¿Para qué quieren plata?
- Yo pa comprarme una pistola con
láser en los chinos… - dice el primero
- Yo pa comprar palomitas. Tengo
luca y me faltan quinientos ¿Tiene quinientos tío?
- ¿Dónde están sus papás? –
pregunto idiotamente, adivinando el jab que se viene
- En el campo…
- Yo no tengo…- dice el otro
- O sea, tenemos, pero están
lejos…- dice el tercero
- Es lo mismo po…- responde uno
de ellos y se largan a reír.
- ¿De dónde vienen?
- Del hogar que está detrás del
terminal…
- ¿Los dejaron salir?
- No, nos arrancamos, pero vamos
a volver luego; después de acá.
- Yo quiero una cajita feliz… -
dice el tercero, mirando el local del McDonald's que se ubica a escasos metros,
recordándome por qué estamos conversando.
- ¡Oohhh sí, con papas y hamburguesas!
– responden a coro sus amigos.
“Cajita feliz”, me digo. Y en un
vuelo non stop directo a comienzos del milenio que dura apenas unos segundos,
aterrizo recordando la cantidad de veces que engullí la famosa cajita sólo para
coleccionar la figura que traía, regalo para la Francisca, mi entonces única
sobrina. Hoy tengo tres. Los chicos siguen haciendo malabares con la moneda que
aún no les doy. “Si mi sobrina era feliz con esa mierda, por qué estos chicos
no…” me digo y les propongo ir por una cajita infeliz.
Dentro del lugar me encuentro con
la fauna clásica, para qué entrar en detalles. Le pido a la chica que me
atiende amable y robóticamente alguna orientación. Los chicos –que esperaban
fuera- no controlan su ansiedad y entran desordenando el ambiente aspiracional
pasado a fritanga. “¡¡Tío, tío!! ¿Qué pasó con la cajita feliz?”. “Ya casi está
lista, así que limpien sus manos con alcohol gel”, respondo indicando el pilar
donde se ubica el dispensador. La gente mira sin entender. Una cajita y tres
niños. Seguro piensan “putas el hueón tacaño…una pa tres”.
Salgo con los chicos y nos
ubicamos en las bancas del exterior del local. No quiero que los miren mal ni
que sigan arriscando la nariz. “Todo se comparte”, digo perentoriamente y
asienten sonriendo, con los motores en marcha. Mientras comen recuerdo el
discurso de un conferencista en un encuentro reciente. Hablaba –de acuerdo a su
trabajo con chicos vulnerables- de cómo se repetía un patrón en ellos: seguro
nunca nadie les había cantado una canción de cuna o infantil, quizás el primer
gesto afectivo lógico o esperable hacia un menor.
Y mirando a estos chicos disfrutar algo tan simple y comportarse como lo que son –niños- convengo en que probablemente nunca escucharon su propia canción de cuna, que quizás el primer contacto físico no fue una caricia, sino un coscorrón o derechamente un golpe. El gesto que hacen de manera inconsciente simulando un arma en sus cabezas cada vez que obturo da para mucho. No quiero usar la imaginación. No hay para qué y no tengo derecho a castigarlos, aunque ellos no lo sepan. Siento pudor por pedirles una foto, pero me siento con el deber de retratar esta infancia maltratada con la que muchos –incluso saliendo de la iglesia que está a metros de ahí después de golpearse el pecho- se hacen los lesos.
Y he aquí la parte final de la
historia, que no termina precisamente con los chicos felices dándome las
gracias y preguntando a coro si vengo el próximo domingo. Los miro a la
distancia y no logro desatar el nudo en mi garganta. Sólo la impotencia de
comprobar que el concertacionismo y la nueva pillería se farrearon al menos
tres generaciones lo logra. Porque –por si nadie se los ha dicho- quienes hoy
hacen encerronas y se jactan de tener armas y un buen pasar gracias a la droga,
eran niños durante su gobierno. Y no hicieron nada por ellos, excepto ridículas
e inservibles campañas de marketing para cumplir con el deber ser.
A la distancia veo a los chicos
saltando y jugando con los perros que deambulan a su alrededor, peluseando como
los niños que son, capaces de sonreír a pesar de todo. La pregunta cae por su propio peso: ¿por cuánto tiempo?
sábado, 29 de junio de 2024
Love 4U
Mi amor por ti, como la luna
pende de un milagro incomprensible,
es un misterio que se oculta
y a veces se muestra
en todo su esplendor
para alumbrar mis solitarias noches desde lejos
recortando mis pasos por el campo
sembrado de rosales,
acompañando el canto de bandurrias
perdidas en el cielo estrellado
mientras bailan al compás del viento tibio
que sopla y besa mi rostro dulcemente
hasta inundar los espejos de mis ojos
que son otro milagro
pues te ven en todas partes
sin nunca haberte visto...
Por si tú quieres saber
Si tú quieres saber
lo que en ti buscaba
pregúntaselo a mis manos
que te dibujaban y te escribían
mientras dormías en la distancia...
Si tú quieres saber
lo que para ti guardaba
puedo decir
que era algo parecido a un mundo,
con nuestras ganas desatadas
y nuestros ahogos amarrados
resbalando por la piel...
sábado, 18 de mayo de 2024
jueves, 2 de mayo de 2024
sábado, 13 de abril de 2024
domingo, 7 de abril de 2024
jueves, 7 de marzo de 2024
La muerte
¿Quién dijo que la muerte no era bella?
La he visto tantas veces rondando
y puedo asegurar
que colinda con lo perfecto;
llega cuando tiene que llegar
sin que uno se percate
porque seduce
porque adormece
porque envuelve
con su halo de misterio,
de frío misterio...
Sucede que la muerte
es bella de una manera distinta
y permanece oculta
pero siempre a la vuelta
de cualquier esquina de la vida,
esa que traiciona
cuando menos se le espera
simplemente porque tiene ganas
de buscar una comparsa
para bailar la danza eterna
entre tus piernas, por ejemplo...
La muerte es tan lejana como cercana
puede desaparecer en la niebla de los días,
de los sueños y los deseos
pero siempre está;
la muerte, aunque es amiga de la soledad
y es fácil de confundir
sólo se parece
en que ninguna de ellas te suelta
y de ninguna se vuelve...
martes, 13 de febrero de 2024
En defensa propia
En mi defensa puedo argumentar
que no vine porque quise,
sino más bien
por una necesidad imperiosa
de poder volar,
de mirar lo mismo de siempre
pero de un modo distinto.
En mi defensa puedo señalar
que cuando dije puedo
quise decir quiero,
cuando dije tú quise decir todo lo tuyo,
todos los días, siempre;
que quise decir vuelo en vez de sonrisa
y eternidad por decir vida.
En mi defensa puedo decir
que me arañaron el alma
sin darme yo cuenta
pues llovía mientras lloraba
y a lo lejos alguien cantaba,
invitándome a elevar mis alas.
En defensa propia huí,
en defensa propia sólo escuché,
en defensa propia me desnudé
y en el silencio de mis noches te amé
para no incomodar, para dejarte ir
y poder seguir.
En mi defensa puedo argumentar
que desconozco ser quien soy;
en mi defensa digo
que fue en la poesía de tus labios
donde encontré la muerte eterna
que sabía a fruta del estío regada por la llovizna
y acunada por el sol de la quebrada
donde nunca estuve
para escuchar el canto de gorriones en bandada.
En mi defensa digo
que cuando intenté huir
me quedé enredado en tu sonrisa
y que abrazados durmiendo
viajamos hasta el fin...
FIN
domingo, 21 de enero de 2024
Recuerdos
Te recuerdo
como el otoño
que no alcanzó a vestirse de rojo,
como los gemidos
que en soledad
tantas veces me regalaste
dejándolos escapar de tus labios
hasta tocarme a la distancia
para que los acallara
con un beso húmedo
en el silencio de la noche,
en medio de un sueño inquieto
que desaparecía con el vuelo
del primer gorrión de la mañana,
cuando al despertar volvías
convertida en un puñado de palabras
que desparramaba en el primer papel
que encontraba
mientras te buscaba para olerte
en las rosas del jardín de nuestra casa
que no era nuestra...
Cuando yo muera
Cuando yo muera
podrán entrar todos y todas
a mi habitación imaginaria.
Entonces habrán conocido un camino,
los olores que me acunan,
la música que me duerme
y los libros que me cuidan
y alejan de lo que no quiero.
Podrán escuchar el canto de los queltehues
bordeando el lecho del río
que antes era río
surcando la noche cálida
mientras oculto mi llanto bajo la almohada.
Podrán embriagarse
con el olor del café
recién destilado
y deleitarse con las portadas de discos
detenidos en el tiempo.
Dvorak, Santana, Janacek, Bach,
Deep Purple y el Festival de San Remo
entre muchos otros
podrán contar y cantar
lo que pienso, lo que escribo
lo que dibujo
mientras respiro, mientras camino
en esta tarde de mis días.
Cuando yo muera
estas paredes
contarán tantas historias
como sueños tuve.
Cuando muera
lentamente y de una en una
las cuerdas de la guitarra
colgada en la pared desafinarán,
y será ésa mi propia letanía,
un pobre remedo lacrimoso.
Cuando muera
no me iré a ningún planeta ni bar
porque ya estuve en todos;
cuando muera nadie se dará cuenta,
cuando yo muera nadie cerrará la puerta,
cuando muera
simplemente habré muerto.








