- Deberías escuchar a Tom Waits… - dijo desde la cama, tirada de costado, con las manos entre las piernas…
- Algo he escuchado….
- Me refiero a oírlo. Sabes de qué hablo. No me obligues a tirarte la academia encima...
- No es necesario, ya entendí. ¿Por qué crees que debería escucharlo? Perdón, oírlo…
- Lo poco que he escuchado de tu música suena minimalista, con una estructura poco definida.
- Yo no canto, Daniela; Tom Waits sí…o lo intenta al menos… - dije, en un afán por llevar la conversación hacia otro lado.
- No cantas, pero te gustaría…hay pasajes bastante comerciales en eso que estás tocando… podrías dedicarte a los jingles- señaló, ahora sentada en la cama y apoyada en la pared.
- Ya me estás tirando encima la academia… y las veces que he intentado hacer un jingle ha resultado una mierda. Me faltan muchas cosas para entrar en ese mundo, partiendo por cierta empatía con esa cosa- dije, apuntando al televisor y la miré de reojo, mientras intentaba resolver la melodía que se paseaba una y otra vez por el teclado con un puto acorde que no llegaba nunca.
- Eso no es cierto…no del todo, al menos- respondió, y se paró para ir al baño. Al pasar detrás de mí, y casi abrazándome, posó suavemente sus manos de dedos largos en el teclado y resolvió en un segundo lo que yo no podía hacer hacía rato. - Voy y vuelvo, estoy que me meo… - dijo y riendo se perdió por el pasillo. Mear. Había sonado extraña esa palabra en ella, pero en fin.
En otra circunstancia probablemente me hubiera molestado por lo que la Daniela acababa de hacer, pero la forma que tenía de entrar en ese mundo que no le era ajeno me provocaba principalmente admiración. Mientras intentaba dilucidar por dónde transitaba el encantamiento que me provocaba, la Daniela algo decía desde el baño que no pude entender. En cuanto estuvo de vuelta, insistió:
- ¿Y, qué me dice?
- What about?
- Ah, ya…no me estabas pescando mucho….yo, inspirada meando y proponiéndote cositas y tú ni caso…
- Dany, no entendí lo que me dijiste, en serio…
- OK…te preguntaba qué te parecía salir a caminar…
- ¿Con este frío? O sea, por mi no hay problema…pero tú…
- ¿Yo qué…? Ya, vamos… - dijo, y pulsó el botón Save en el teclado para luego apagarlo. Minutos después, apareció envuelta con su abrigo y una bufanda… -¡Tataaaaan, estamos listos! Ya pues, apúrate…remolón…
Bajamos las escaleras tomados de la mano, equilibrándonos, mientras la Daniela silbaba bajito una melodía desconocida pero muy alegre. Esa era una de las cosas que me seducía de ella, que silbara muy quedo siempre que estaba de buen ánimo. Eso, y que sabía manejar los silencios prodigiosamente. No necesitábamos hablar siempre ni todo el rato. Lo mismo sucedía cuando tirábamos -perdón, hacíamos el amor- y apagaba la luz para según ella, perdernos en la oscuridad del dormitorio y encontrarnos más allá, en nuestro propio y oscuro mundo.

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