Y la luna lloró cuando supo
que no podría reflejarse ya más en tus ojos,
sus lágrimas salpicaron entonces la noche
como infinitos pedazos de un espejo roto…
Y las gentes gritaron:
“…¡¡¡Miren, miren las estrellas…!!!”
Pero no, no eran estrellas,
eran tan sólo lágrimas selénicas que de dolor brillante
iluminaron la noche

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