Escribo porque tengo ganas y necesidad,
también por necedad, y porque para eso aprendí a escribir
También por una cuestión de fe,
porque no sé rezar, porque hablo mal,
porque hice bien las tareas yo,
porque me gusta leer
porque siempre tengo a mano un papel
y un lápiz a tintel;
por mi deseo de trascender y mi cuota de egolatría,
porque así le doy trabajo al dueño de la imprentería
cuando me da por publicar…
Porque me gusta el café cargado y los cigarrillos light;
porque tengo buena ortografía
y porque me gusta usar sombrero,
porque no pude ser carabinero, alcalde ni arquitecto,
y me pierdo en lo perfecto del lenguaje al que no le sobra nada;
porque el papel aguanta todo y de todos los modos,
porque si quiero puedo escribir sin escribir
y hacer como que no siento los lamentos
que me hacen decir que escribo
de la noche a la mañana y hasta en sueños
donde se me regalan como a un pequeño dios pagano
las palabras como ofrendas…
Escribo porque de esa manera viajo,
construyo mundos y converso con la Historia,
porque abro la ventana de una casa que no existe,
porque puedo tenerte sin que tú lo sepas y a pesar de que te fuiste
Escribo porque así detengo el tiempo y hablan por mí los laberintos
que nacen y se pierden en silencios y miradas,
escribo para tener una respuesta con verdadero y falso
a las preguntas de la vida,
escribo porque miro, escribo porque huelo
escribo porque escucho, escribo porque muero…

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