Calabresse había dicho que no después de vaciar su vaso de cerveza, dejando a Benito, a el Polaco y a Mara -la mujer de Benito- con cara de circunstancia y en un silencio roto sólo por la voz gangosa de la lectora de noticias en el televisor que colgaba de un rincón.
- ¿Qué hacemos ahora?- preguntó el Polaco al tiempo que engullía lo que quedaba de su sándwich.
- Miren… - dijo Mara, observando risueña el dibujo hecho por su índice en el vaso de Calabresse, provocando que Benito la reprendiera suavemente.
- Palomita, esto es serio…
- Yo no… - dijo ella, sin inmutarse.
- Tenemos que centrar a Calabresse; está de patio… - dijo el Polaco.
- Aprovechen y hacen lo mismo con ustedes- señaló Mara, descolocando a sus acompañantes. -Voy y vuelvo- dijo luego, y se paró de la mesa.
- ¿Dónde vas? – preguntó Benito.
- A poner algo de música. Esto parece un funeral.
Con Calabresse de vuelta en la mesa pidiendo otra ronda, parecía que el tema iba a seguir en discusión, pero él mismo se encargó de desviar la conversación.

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