Que la noche no respete la luz roja
y se estrelle en tu pecho,
que desparrame luceros
en la intersección de tus piernas,
que una ambulancia
se lleve los recuerdos heridos
que tus labios se vuelvan helado de crema.
Que un payaso se vista de negro,
que a mi ataúd le pongan tres ruedas,
que en un horno de barro
se cocinen ideas,
y que un manco dibuje mil círculos
con mi compás de espera.
Que el tren delantero salga a la hora
que el agua del mar enamore a la arena,
que el hijo de mi vecina, el menor,
pare de llorar
que funcione alguna vez mi reloj de pulsera...


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