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sábado, 14 de abril de 2012

Daniela (final)....




Dicen que nada o muy poco fue cierto. Yo no lo creo. No puede ser. Dicen que nunca volvió y que todo lo demás, a lo sumo pude haberlo soñado o imaginado. Idiotas. Cuando pregunto que paso, nadie se atreve a decirme algo concreto. Solo me piden que descanse y que duerma; que eso me va a ayudar. Yo me pregunto en que. Desde hace un tiempo que no puedo precisar, todo cuanto me sucede es relativo y subjetivo. Me niego a pensar que tienen la razón y que la Daniela nunca volvió. Me niego a seguir viviendo en esta burbuja en la que estoy metido y no puedo salir. A veces viene la Janis y solo atina a mirarme de una forma extraña. Otras, viene el español, el dueño del emporio, y cuenta sus historias de siempre, pero ya no tienen la misma magia para mi. Quizás sea que falta el aroma que arrancaba de la trastienda del boliche, la luz que entraba diáfana reventando los bordes de las góndolas y los productos cuidadosamente ordenados. Quizás falte el aroma y la arquitectura del barrio soportando sus relatos. Rudy también viene de vez en cuando y nos fumamos un cigarro caminando bajo los arboles. Siempre me pregunta como estoy, como me siento. Intenta una sonrisa cuando le contesto con la misma pregunta:

-          ¿Cómo me veo Rudy, como estoy?

Y lo pregunto en serio, pues desde que estoy aca, tengo prohibido parame frente a un espejo, entre otras cosas. Solo a veces, cuando puedo acercarme a alguno de los vidrios pavonados protegidos por una fina malla metalica, creo adivinar algo informe donde estaba mi rostro. Según dicen, algunas veces también ha venido alguien de mi familia para enterarse de mi situación, pero no recuerdo haber estado con ellos. Nadie, en un acuerdo al parecer tacito, me habla de la Daniela, pero a mi no me importa, porque cada noche, después que apagan las ultimas luces del corredor y en los jardines solo se escucha el canto de los grillos, ella entra por la ventana y se queda a dormir conmigo, y como siempre lo hizo, me cose unas alas y me lleva de la mano hasta los lugares donde nos juramos un amor eterno como mi locura…

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