"...Después de un rato, la escena es
casi la misma de siempre: con movimientos rápidos sacude las migajas
desparramadas en su faldón, limpia con una servilleta y la taza del té para
trasladarse al asiento trasero y dar instrucciones para el regreso.
-
No se apure. Vaya más lento, le digo…
-
…
Ramiro
sólo escucha y prefiere obedecer, aunque vaya a la vuelta de la rueda. En
instantes como ese, lamenta su escasa preparación, pues de lo contrario no
tendría que aguantar tanto descriterio ni humillación. ¡Miren que hacerlo
vestir de esa manera con el calor que hace! Si la primavera llegó hace un rato
y sólo ella parece resistirse a tal evidencia, piensa mientras seca su frente y
la nuca, donde su pelo corto y de erizo parece atrapar las gotas de sudor,
haciéndolo más lustroso..."

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