Calabrese
había dicho que no después de vaciar su vaso de cerveza, dejando a Benito, el
Polaco y a Mara -la mujer de Benito- con cara de circunstancia y en un silencio
roto sólo por la voz gangosa de la lectora de noticias en el televisor que
colgaba de un rincón.
-
¿Qué hacemos ahora?- preguntó el Polaco al
tiempo que engullía lo que quedaba de su sándwich.
-
Miren… - dijo Mara, observando risueña el dibujo
hecho por su índice en el vaso de Calabrese, provocando que Benito la
reprendiera suavemente.
-
Palomita, esto es serio…
-
Yo no… - dijo ella, sin inmutarse.
-
Tenemos que centrar a Calabrese; está de patio…
- dijo el Polaco.
-
Aprovechen y hacen lo mismo con ustedes- señaló
Mara, descolocando a sus acompañantes. -Voy y vuelvo- dijo luego, y se paró de
la mesa.
-
¿Dónde vas? - preguntó Benito.
-
A poner
algo de música. Esto parece un funeral.
Con Calabrese
de vuelta en la mesa pidiendo otra ronda, parecía que el tema iba a seguir en
discusión, pero él mismo se encargó de desviar la conversación.
-
Putas, ojalá que ganemos el domingo- dijo, como
para iniciar algo nuevo.
-Aviación viene de
perder, así que está con sangre en el ojo. En una de esas, se motiva y nos hace
un favor empatándole a la Católica. Quedaríamos a tres puntos del puntero.
No es malo… - dijo, llenando los vasos nuevamente.
-
¿De qué hablas, tano? - preguntó Benito, confundido.
-
¿Cómo de qué? Fulbito pues camaradas…el Audax
juega el domingo, y en casita.

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