¡Qué grande eres
soledad que no te busco!
¡Qué impetuosa y qué
sutil
tu manera de
acercarte!
¡Qué de fácil te
asemejas
a la muerte que me
ronda
y que no entra,
que se ríe y se
lamenta
porque no puede
alcanzarme,
ni tenerme, ni
tocarme…!
¡Cómo hueles a olvido
soledad,
cómo cantas sin
sonidos
en este espacio que
se abre
aquí en mi pecho,
y del que escapan
libres
los anhelos, los
desvelos,
los sueños que no
fueron!

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