Que no te engañen mi quiltra,
que hoy tú y yo
sólo somos dos pronombres
escritos malamente
en un muro putrefacto
y chorreado de mierda
en una calle sin salida
que trasciende de meados
y vómitos ácidos
de borrachos y ladrones,
de putas desdentadas e infecciosas,
de ratas que se
adueñan de rincones
y de carnes trémulas
y yermas…

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