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martes, 19 de enero de 2016

“Cuestión de tiempo” (extracto de novela)




            “…Ha comenzado a llover sin que Luciano siquiera se dé cuenta de ello. Son los autos que a momentos pasan los que acusan en el asfalto mojado la persistencia de la lluvia. La temperatura ha bajado hasta empañar los ventanales, pero eso no es obstáculo para que Luciano vea a través de ellos a un niño que corre por la calle de un lado a otro detrás de un aro. A metros de él, con las manos en jarra, lo observa complacido el que debe ser su padre. Es él quien se encarga de hacer correr el aro para que el pequeño intente alcanzarlo y lo traiga de vuelta junto con los carrerones del perro que juega y se atraviesa en el camino. Por momentos la escena se oculta tras los micros que circulan por la calle. Luciano cree que los ruidos llegan hasta él como de rebote, con un suave delay que quizás es el aporte de los ventanales que lo separan de los acontecimientos. Cuando dejan de pasar los micros y los autos, puede ver que un muchacho joven reprende al pequeño y apunta de empujones lo lleva de vuelta. A pesar de oponer resistencia y llorar desconsoladamente porque su aro y el perro que levanta las orejas en señal de alerta han quedado abandonados, no logra convencer al muchacho que no ceja en su esfuerzo. Todo termina cuando llegan al punto donde se encuentra el padre, que ha permanecido inmóvil en su puesto y sólo se ha permitido fruncir el ceño para reprender al adolescente, iniciándose una discusión mientras el pequeño se aferra a las piernas del papá y luego secándose las lágrimas y sin siquiera hablar lo convence de recuperar su aro y el perro, mientras a Luciano lo envuelve un frío que jamás sintió y que el abrazo de la Tammy logra aplacar. Sin querer se había despertado, y ahí está, convenciéndolo para que salgan a caminar bajo la lluvia como tantas veces. Luciano acepta sin vacilar pues está seguro que en cuanto le dé el aire se sentirá mejor...”

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