La
mala cueva del chileno
Leyendo un
ejemplar de The Clinic del año 2009 me encuentro con una entrevista al que se
suponía iba a ser el primer astronauta chileno, Klaus von Storch. Ahora sí,
pareciera ser la consigna que prevalece en la conversación. Insisto, año 2009.
Se habla de los intentos en los gobiernos de Clinton y Bush y de lo que ha
costado para que los gringos visen la entrada de esta larga y angosta faja a la
carrera espacial. Carrera espacial me digo, y pienso en los antecedentes que
existen, o sea, el Fasat Alfa y el Fasat Bravo. Cien por ciento exitosa nuestra
experiencia al respecto.
Por alguna
razón pienso en la tendencia casi enfermiza que tenemos para engrupirnos a
nosotros mismos con tal de jugar aunque sea ilusoriamente en las grandes ligas
y me convenzo que la Copa Libertadores conseguida por el “arbo campión” hace
más de veinte años fue producto de muchas cosas, menos de un éxito constante.
Para qué estamos con cosas, ni soñar –aunque insistamos en ello- con un título
mundial en lo que sea, porque las veces que lo hemos logrado –por ejemplo en el
boxeo- la mala cueva del chileno se confabula con las mafias internacionales y
nos despojan entre ambas del reinado de turno sin siquiera haberlo inaugurado.
Eso, sin contar al atleta que equivocó la ruta en una maratón, que Italia dio
vuelta el partido en la final de la Copa Davis el año 1976, o que a Arturo Godoy
el negro Joe Louis le dio como bombo en fiesta aprovechando que al pisar el
cordón de su contrincante, éste no podía moverse.
Sigo leyendo y
a estas alturas a nuestro héroe del espacio le da lo mismo con quien realizar
su primer vuelo y se suman a la lista Rusia y China, siendo los soviéticos los
más interesados, interés que pasa por llamarlo cualquier día y a cualquier hora
para que nuestro astronauta cruce el Atlántico. Lleva varios intentos y está
dolido, sobre todo su bolsillo porque no cuenta con auspicio alguno. Es más, ha
decidido retirarse de la fuerza aérea y trabajar como piloto en la ex Lan para
tener flexibilidad horaria en caso de que los soviéticos lo vuelvan a llamar.
Un detalle: uno de los viajes fue sólo para que se fuera a probar el casco. Viaje
del día, que le llaman. De regreso, vuelta a las charlas en colegios, congresos
y a seguir sacándose fotos y firmando autógrafos. Mal que mal, el hombre ha
cosechado cierta popularidad con esto de ser el primer astronauta chileno y la
fama ha tocado su puerta. Sólo la fama. Y la fama es “emífera”. Ya lo dijo el
gran filósofo chileno-mexicano Iván Zamorano.
El asunto es
que sale a colación el próximo vuelo espacial con carácter turístico que se
realizará el año 2010, o sea, hace siete años. Si alguien supo de ese viaje,
que me avise. En el famoso periplo –cómo no- ya ha comprometido su
participación Farkas, el nuevo rey Midas local. De esto se ha enterado nuestro
Armstrong criollo y medio en broma, medio en serio, lanza su frase para el
bronce: “Si Farkas me invitara, igual iría con él…”. O sea, tan sólo en una
página de pasquín ha pasado de astronauta pionero a acompañante en clase
turista auspiciado por un millonario sin siquiera detenerse en copiloto o
sobrecargo. Eso, suponiendo que el rubio mecenas lo encuentre “nice” y lo invite.
Claro que si eso llegara a ocurrir, y habiendo un chileno en el medio, un
chileno que “estuvo a punto de”, “que lo tuvo todo para”, no sería extraño que el viaje termine como ese gran chiste de Pipo Arancibia, el de Juan Poblete: “3…2…1…cero!!!...se sacó la chucha en
Melipilla”. La mala cueva del chileno pues.
https://youtu.be/bgh-lQw71L0 (ir a 1´35´´)

No hay comentarios:
Publicar un comentario