Qué peligrosa es la ignorancia
Durante los
meses de septiembre y octubre de 1979 se llevó a cabo en los Estudios Sonotec de
Santiago de Chile la grabación del disco “Sonia canta a Violeta Parra…10 temas
de amor”, con la participación de Latinomusicaviva –en ese momento último
proyecto del fallecido director y arreglador Guillermo Rifo- y Sonia von
Schrebler, conocida artísticamente como Sonia la Única. El disco era el
registro fundacional del sello SYM, acrónimo del afamado dúo de boleristas
Sonia y Myriam. Para llevar a cabo esta grabación realizada por el técnico Fernando
Mateo –de acuerdo a lo señalado en una entrevista por el maestro Rifo- Myriam
debió solicitar autorización a la Intendencia Metropolitana pues Violeta Parra
se encontraba vetada por la dictadura militar. Ella y muchos más, para ser
exactos.
El disco
lamentablemente tuvo escasa difusión por la razón mencionada, y quedó relegado
a un oscuro rincón de la memoria, del cual pudo salir muy posteriormente, en
los tiempos de internet y plataformas digitales. Cuatro meses después de su
publicación se realizaba la XXI versión del Festival de Viña del Mar, evento al
que acudiría como jurado el director de orquesta y arreglador francés Paul
Mauriat, reconocido representante de la llamada música easy listening, con varios aciertos a cuestas, los que presentaría
en el certamen viñamarino. De hecho, el público asistente pudo escuchar su
versión de “Love is blue” -canción compuesta el año 1967 por la dupla francesa
Cour – Popp, y popularizada por Vicky Leandros y Marty Robbins-, “Aerosong”, de
su disco homónimo recién editado, y una joyita que se transformó en una daga
clavada –aunque probablemente no con esa intención- en el corazón de la
dictadura: una versión easy listening de
“Gracias a la vida”. El inicio solemne con Mauriat sentado al piano marcando
denodadamente los acordes y dejando transitar la melodía no hacía pensar la
versión “livianita” que presentó el orquestador, con preeminencia de vientos y
percusión. Lo relevante es que Paul Mauriat instala en el escenario más importante
de Latinoamérica a una figura inmensa de la música popular chilena proscrita
por la dictadura, simplemente –de acuerdo a lo mencionado en una entrevista-
porque era un acto de agradecimiento hacia el Chile que había visto nacer a una
artista que en Francia tenía un reconocimiento poco habitual. Señalemos como
dato adicional que Mauriat realizaba los arreglos de toda la música que
interpretaba junto a su orquesta y las orquestas de turno.
Cuatro años
después de este evento, Hugo Moraga -un cantautor dueño de una obra maciza a
estas alturas- se presentaría en “Éxito”, programa emitido por el entonces
Canal 13 y conducido por el nuevaolero “Pollo” Fuentes. Moraga había formado
parte precisamente del catálogo de SYM, grabando para el sello su emblemático
registro “Lo primitivo”. En el programa del mediodía, cantaría “Parábola”,
interesante canción que guardaba una potente carta bajo la manga.
Revisando el
video resulta extraño ver a Moraga cantando de pie, con un fondo tan rutilante y
de mal gusto como ajeno a su propuesta de cuidadas líricas y armonías. Lo
realmente importante es que Moraga replica la “acción de arte” llevada a cabo por
Mauriat en Viña del Mar cuatro años antes y termina su canción citando a otro
gran proscrito –y asesinado- de la dictadura: Víctor Jara. Dice Moraga en la
parte final de su canción: “…el crucificado es mi olvido /me pide lo que nunca
di / quisiera saber dónde vive /o en dónde acostumbra a dormir / quien quiera
que pasa volando / frágil como un volantín / por los techos de Barrancas…” El
último verso Moraga lo deja flotando, como un reflejo del arsis que deja abierto el espacio para el aplauso obligado que
indican los coordinadores de piso del programa emitido por el canal del curita
fachoso y castrador.
Dos grandes de
la música popular –desde distintas aristas y en distintos momentos- dejaron en
evidencia lo ignorantonas que son las dictaduras, al punto de dejar que le
refrieguen en su feo rostro –sin darse cuenta ni sospechar siquiera- una buena
cuota de la belleza presente en nuestra canción más profunda. Moraga y Mauriat
finalmente presentifican en plena dictadura dos de las ausencias más dolorosas
de nuestra cultura y nuestra música, clavando su banderín en el punto más alto
de la montaña de la dignidad y decencia.
Escribo este
artículo la noche del 10 de marzo del 2023, con el concierto on line de mi amigo Rudy Wiedmaier de
fondo, quien acompañó tras bambalinas a su maestro Hugo Moraga durante aquella
presentación en la tele milica el año 1984.

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