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viernes, 10 de marzo de 2023

 

Qué peligrosa es la ignorancia

 

Durante los meses de septiembre y octubre de 1979 se llevó a cabo en los Estudios Sonotec de Santiago de Chile la grabación del disco “Sonia canta a Violeta Parra…10 temas de amor”, con la participación de Latinomusicaviva –en ese momento último proyecto del fallecido director y arreglador Guillermo Rifo- y Sonia von Schrebler, conocida artísticamente como Sonia la Única. El disco era el registro fundacional del sello SYM, acrónimo del afamado dúo de boleristas Sonia y Myriam. Para llevar a cabo esta grabación realizada por el técnico Fernando Mateo –de acuerdo a lo señalado en una entrevista por el maestro Rifo- Myriam debió solicitar autorización a la Intendencia Metropolitana pues Violeta Parra se encontraba vetada por la dictadura militar. Ella y muchos más, para ser exactos.

El disco lamentablemente tuvo escasa difusión por la razón mencionada, y quedó relegado a un oscuro rincón de la memoria, del cual pudo salir muy posteriormente, en los tiempos de internet y plataformas digitales. Cuatro meses después de su publicación se realizaba la XXI versión del Festival de Viña del Mar, evento al que acudiría como jurado el director de orquesta y arreglador francés Paul Mauriat, reconocido representante de la llamada música easy listening, con varios aciertos a cuestas, los que presentaría en el certamen viñamarino. De hecho, el público asistente pudo escuchar su versión de “Love is blue” -canción compuesta el año 1967 por la dupla francesa Cour – Popp, y popularizada por Vicky Leandros y Marty Robbins-, “Aerosong”, de su disco homónimo recién editado, y una joyita que se transformó en una daga clavada –aunque probablemente no con esa intención- en el corazón de la dictadura: una versión easy listening de “Gracias a la vida”. El inicio solemne con Mauriat sentado al piano marcando denodadamente los acordes y dejando transitar la melodía no hacía pensar la versión “livianita” que presentó el orquestador, con preeminencia de vientos y percusión. Lo relevante es que Paul Mauriat instala en el escenario más importante de Latinoamérica a una figura inmensa de la música popular chilena proscrita por la dictadura, simplemente –de acuerdo a lo mencionado en una entrevista- porque era un acto de agradecimiento hacia el Chile que había visto nacer a una artista que en Francia tenía un reconocimiento poco habitual. Señalemos como dato adicional que Mauriat realizaba los arreglos de toda la música que interpretaba junto a su orquesta y las orquestas de turno.

Cuatro años después de este evento, Hugo Moraga -un cantautor dueño de una obra maciza a estas alturas- se presentaría en “Éxito”, programa emitido por el entonces Canal 13 y conducido por el nuevaolero “Pollo” Fuentes. Moraga había formado parte precisamente del catálogo de SYM, grabando para el sello su emblemático registro “Lo primitivo”. En el programa del mediodía, cantaría “Parábola”, interesante canción que guardaba una potente carta bajo la manga.

Revisando el video resulta extraño ver a Moraga cantando de pie, con un fondo tan rutilante y de mal gusto como ajeno a su propuesta de cuidadas líricas y armonías. Lo realmente importante es que Moraga replica la “acción de arte” llevada a cabo por Mauriat en Viña del Mar cuatro años antes y termina su canción citando a otro gran proscrito –y asesinado- de la dictadura: Víctor Jara. Dice Moraga en la parte final de su canción: “…el crucificado es mi olvido /me pide lo que nunca di / quisiera saber dónde vive /o en dónde acostumbra a dormir / quien quiera que pasa volando / frágil como un volantín / por los techos de Barrancas…” El último verso Moraga lo deja flotando, como un reflejo del arsis que deja abierto el espacio para el aplauso obligado que indican los coordinadores de piso del programa emitido por el canal del curita fachoso y castrador.

Dos grandes de la música popular –desde distintas aristas y en distintos momentos- dejaron en evidencia lo ignorantonas que son las dictaduras, al punto de dejar que le refrieguen en su feo rostro –sin darse cuenta ni sospechar siquiera- una buena cuota de la belleza presente en nuestra canción más profunda. Moraga y Mauriat finalmente presentifican en plena dictadura dos de las ausencias más dolorosas de nuestra cultura y nuestra música, clavando su banderín en el punto más alto de la montaña de la dignidad y decencia.

Escribo este artículo la noche del 10 de marzo del 2023, con el concierto on line de mi amigo Rudy Wiedmaier de fondo, quien acompañó tras bambalinas a su maestro Hugo Moraga durante aquella presentación en la tele milica el año 1984.

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