Deseo
Que la noche no respete la luz roja
y que desparrame luceros
en la intersección de tus piernas;
que una ambulancia
se lleve los recuerdos heridos
y que tus labios se vuelvan
helado de crema.
Que un payaso se vista de negro,
que a mi ataúd le pongan tres ruedas,
que en un horno de barro se cocinen ideas,
y un manco dibuje mil círculos
con mi compás de espera.
Que el tren delantero salga a la hora
que el agua del mar enamore a la arena,
que el hijo de mi vecina, el menor,
pare de llorar,
que funcione alguna vez mi reloj de pulsera.
Que me aprueben este mes el préstamo en el banco
y así poder pagar la deuda interna,
que me llegue un regalo en San Valentín
y que no sea la última vez ni tal vez la primera...
Que el vino de misa aterrice en mi mesa
y que un cura bendiga mi siesta
después de pecar en el confesionario
escuchando las penas ajenas.
Que a una viuda no le falte un entierro,
que al finado la muerte se le vaya en collera,
que se tomen los dos un fin de semana
y dejen a todos esperando en la iglesia.
Que no me hagan pintar la muralla china
ni subir la escalera al cielo,
que no me hagan una reserva en el Motel California,
que me pregunten primero si quiero.
Que me permitan regalar el desierto florido
y los poemas que he escrito este invierno,
que en un concurso me gane un pasaje al infierno
con derecho a fundir el olvido...
Y que sea un tálamo para ti la floresta
y para mí el ataúd reclinable,
que los gastos comunes
este mes no salgan tan caros,
que sean a lo menos, abordables...
Que les siga yendo bien a mis amigos,
que sigan estando a pesar que no los vea,
que se jodan de a poco
y uno por uno mis enemigos,
que me sigan ayudando
las chicas de Thayer Ojeda.
Que no falte el café en mi alacena,
que no me corten la luz este mes,
que se te pase por fin el estrés
y dejes de vagar como alma en pena
por mi sala de espera.
Que todo esto tenga un final
y me dejen saltar la vida por la ventana,
declarar por mensaje de texto
mi amor eterno hasta fin de mes,
canjear mis puntos por un octavo día a la semana.
Que me renueven la licencia
para matar el tiempo,
y que caduquen mis ganas de ver
a la parca sentada a mi mesa,
que pase todo de una buena y puta vez.
Que esto deje de ser una broma,
y que pase, al menos, de historia a recuerdo,
que la luz de la luna
se acueste de nuevo en mi cama,
que dejes de ser lo único que tengo...
Tenía
Tenía un gato de plástico falto de un ojo,
un aro abollado, una pistola de agua
y una orquesta sin piano...
Una pelota de fútbol
herida en tres partes,
un tren de cuerda cansado de andar,
una casa en un árbol
con vista al mar
y un deseo irrefrenable
de querer mirarte...
Tenía una novia en mis sueños
y una patineta rota apoyada en un muro,
cuatro esquinas que encerraban mi mundo
y un caleidoscopio robado a su dueño;
una pelota de trapo esperándome al sol,
un diario de vida con poster central,
lápices de colores desparramados en el patio
y una tele en blanco y negro para colorear...
Tenía en mis sueños un cumpleaños feliz,
una torta de barro, zapatos nuevos de clown
y para la fiebre un remedio amargo.
Tenía una erección traicionera
despidiendo mi infancia,
un libro de aventuras desventuradas,
un tango viviendo en los transistores
después de la misa de siete,
un radioteatro que me hacía reír
y a veces llorar.
Tenía un helicóptero que de verdad volaba,
un auto rojo a fricción,
la pobreza desvalida
de algún compañero de viajes
y la muerte de otros tantos sin razón.
Atrás, en el patio de la infancia
en medio de una falsa inocencia,
quedaron tiradas las bolitas ojitos de gato,
un ciruelo cargado de sabores, olores
y de interminables historias a la sombra;
tenía un perro que se aburrió de ladrarle a la luna,
mis ganas de ser cura, soldado o doctor;
en la cama de alguien que no recuerdo
quedó enredado el olor de los pechos soñados
a la luz del carrusel,
y en un papel, garabateada -quizás imaginada- con lápiz azul
la renuncia indeclinable a lo pasajero
y al lugar común...
Bendit@ sea
Bendita sea la espuma
mezcla de mar y cerveza
que me permitió tatuar tu espalda
en una noche de luna,
bendita la musa
que me visita en sueños
me pone alas sin tocarme siquiera
haciendo que la quiera
y me saca a volar de vez en cuando
por esta ciudad cansada de doler;
benditas sean las piernas que no tienen piedad
con mis obsesiones más oscuras,
bendito sea el cielo que no para de llover...
Bendito el cabrón al que la vida le va bien
benditas las putas con estilo
que no se arrepienten de nada,
bendito el que tiene un postgrado en puterío
y ejerce en todas las camas con maestría,
bendito el artista, el que hace todo con nada...
Bendito sea el que calla sin tener motivos
bendita la hembra que se monta en el macho,
bendita la luna, que sin permiso de nadie
afila desnuda en el Calle-Calle,
bendito sea el inventor de los abrazos...
Bendito el que le resulta el tratamiento
y puede ponerse al día con los polvos atrasados,
bendita la mujer ganadora
que apuesta por los perdedores,
bendito sea el gato que perdona la vida a los ratones
y benditas las lenguas que conocen tus sabores...
Bendito sea el imbécil
que soporta mi perorata sin sentido,
bendito el que dejándote los zapatos puestos
ha logrado sacarte mil veces el vestido...
Bendito el que entiende y acepta
mi orgullo convertido en humildad y webeo,
benditos tus labios mayores
que no perdonan en mi boca los escarceos
y atormentan cuando quieren mi deseo.
Bendita tu piel, bendito tu cuerpo,
bendita sea tu letra que no entiendo ni quiero entender,
bendito sea el momento en que arrié mi bandera
frente al olor de tus cayenas
y el momento en que me convences de caer...
Bendito sea este febrero que nos regala un aguacero,
bendita sea tu respiración
bendito lo atroz de la pasión,
benditos los polvos con portaligas y sombrero;
bendito sea tu cuerpo sin vergüenzas
que corre su última maratón en mi cama,
bendita mi puta sumisión que perdona tanta traición
bendito el hecho que no eres una dama...
Benditas las minitas facilonas y los maracos
que a medianoche y sin largona
no se bajan de sus tacos ni abandonan su sueño de llegar hasta mañana,
maldita sea la Silvana que apagó su celular...
Bendito el hecho de que ya no me gusta la vida
y bendita mi irremediable lascivia,
bendito sea el hecho que puedo escribir sin dar explicaciones,
renunciar ni redimirme
bendito el hecho que existe Joaquín Sabina.


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